Era una mariposa nacida en pleno enero
Sus alas inexpertas en su volar primero
Se abrieron entre el gozo triunfal de una floresta
Un día que en los cielos también era de fiesta
Algunas nubes de oro pasaban lentamente
Mirándose en las linfas de un río transparente
Un tímido perfume de acacias envolvía
Los árboles henchidos de inquieta algarabía
Las dalias primorosas, los húmedos juncales
Y allá bajo el callado gemir de los sauzales
Que hundían en las ondas sus temblorosos flecos
Solían enredarse los fugitivos ecos
Que el viento con antojos de loco vagabundo
Tenas e infatigable, paseaba por el mundo
La dulce mariposa voló toda la tarde
Más vio llegar la noche y se sintió cobarde
Quedose unos instantes mirando con recelo
Los árboles sombríos, el mundo, el río, el cielo
Los aires silenciosos, las flores fatigadas
Y entonces, replegando sus alas esmaltadas
Sobre una rosa inmóvil quedose adormecida
Muy cerca de la muerte, muy lejos de la vida
¿Cómo? Pregunta vana que queda sin respuesta
¿Acaso habrá soñado?... lo diga la floresta…
Yo sólo contar puedo que al dar la media noche
Un estremecimiento la hirió como un reproche
Y entonces despertándose, miedosa y asombrada
Paseó por las tinieblas su tímida mirada
De pronto entre unas nubes surgió la luna llena
El mundo tomó entonces reflejos de azucenas
Iluminóse el aire con luz de encantamiento
Vibró la mariposa con embelesamiento
Moviéronse unas ramas. Un pájaro tardío
Plateado por la luna volaba sobre el río…
Tres nomos se asomaron, sonriendo entre el follaje
Y echaron sortilegios extraños al paisaje.
En breve mil carolas irguiéndose despacio
Miraron como en éxtasis a un punto del espacio
Entonces… ¿Qué fue aquello? La pobre mariposa
Sintió una dicha enorme profunda misteriosa
Sintió embriagues de vuelo y terrores de imprudencia
Afanes comprimidos de vértigo y de ausencia
Y luego, con salvajes espasmos de alegría
Vibrando toda entera sonando todavía
Abrió sus locas alas sedientas de fortuna
Y hundióse en los espacios, camino de la luna…
Voló, voló muy alto, volaba estremecida
Muy lejos de la muerte, muy lejos de la vida
Borracha de aventura, dejando atrás el mundo
Subiendo por el éter purísimo y profundo
¡Volaba! Y poco a poco perdían su polvillo
Sus alas esmaltadas de azul y de amarillo
Hasta quedar muy pálidas bajo el plateado rayo
Con lividez marmórea de lirios en desmayo
Más blancas que esas velas que salen de los puertos
Más blancas que las sienes heladas de los muertos
Más blancas que la luna dormida en la laguna
Y el sueño de las nieves y el alma de la luna
Voló, siguió volando y al fin desvanecida
Sintió flaquear sus alas y vacilar su vida.
Tentó un supremo esfuerzo. No pudo. Sintió frío…
Después se fue cayendo serena en el vacío
Y en breve quedó inmóvil clavada en una roca
¡Tus sueños te mataron mariposita loca!